
Entonces bien, tenemos dos argentinas: la argentina del odio y la Argentina del amor, y sobre estas dos argentinas, hay varias cosas que debo decir.
En la Argentina del amor hablamos de frente, a algunos no les gusta que seamos así, tan frontales, pero no podríamos ser de otra forma, poseemos convicción y nuestras intenciones pueden ser conocidas por todos, sabemos hacia dónde vamos y de dónde venimos, y lo expresamos sin tapujos.
Todo lo contrario ocurre en la argentina del odio, por eso es que la argentina del odio ha servido de campo fértil a los sofistas, los cuáles, al igual que los antiguos sofistas griegos, se valen de numerosos procedimientos con el único fin de confundir, falsear la realidad, intentar vender una indecorosa fantasía como si se tratase de la más genuina realidad. En resumen, presentar lo falso como verdadero, y lo verdadero como falso.
En la Argentina del amor hablamos de frente, a algunos no les gusta que seamos así, tan frontales, pero no podríamos ser de otra forma, poseemos convicción y nuestras intenciones pueden ser conocidas por todos, sabemos hacia dónde vamos y de dónde venimos, y lo expresamos sin tapujos.
Todo lo contrario ocurre en la argentina del odio, por eso es que la argentina del odio ha servido de campo fértil a los sofistas, los cuáles, al igual que los antiguos sofistas griegos, se valen de numerosos procedimientos con el único fin de confundir, falsear la realidad, intentar vender una indecorosa fantasía como si se tratase de la más genuina realidad. En resumen, presentar lo falso como verdadero, y lo verdadero como falso.
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