
Es tiempo de realizar algunas reflexiones.
En primer lugar, no puedo dejar de pensar en que existen, definidas con claridad, dos argentinas, luego hablaremos de otras posibles argentinas de carácter más tenuemente definido, pero por contraste, en principio, se manifiestan dos argentinas, muy lejanas, muy diferentes, muy esencialmente distintas.
La Argentina a la que pertenezco no es la argentina del odio, la argentina que disfruta frente al dolor del otro, la que festeja la muerte. Mi Argentina nunca podría transitar esos caminos, nunca lo hizo ni nunca lo hará. Mi Argentina no pergeñó conspiraciones, no golpeó las puertas de los cuarteles, no se arrodilló ante los poderosos y humilló a los humildes, mi Argentina no deseó la muerte, no engendró la muerte. Mi Argentina se gesta en el amor, crece en el amor, intenta comprender al que piensa distinto, incluir al excluido, hacer propios los problemas ajenos y buscarles una solución, la mejor solución, la más justa. Mi Argentina aprende de sus errores e intenta corregirlos, mi Argentina reconoce las virtudes ajenas, acompaña las causas justas, y busca la felicidad del pueblo, mi Argentina se expresa en voz alta, a veces con vehemencia, pero nunca con violencia, aborrece la violencia.
Reitero: mi Argentina se encuentra en la vereda opuesta del odio, mi Argentina es amor.
En primer lugar, no puedo dejar de pensar en que existen, definidas con claridad, dos argentinas, luego hablaremos de otras posibles argentinas de carácter más tenuemente definido, pero por contraste, en principio, se manifiestan dos argentinas, muy lejanas, muy diferentes, muy esencialmente distintas.
La Argentina a la que pertenezco no es la argentina del odio, la argentina que disfruta frente al dolor del otro, la que festeja la muerte. Mi Argentina nunca podría transitar esos caminos, nunca lo hizo ni nunca lo hará. Mi Argentina no pergeñó conspiraciones, no golpeó las puertas de los cuarteles, no se arrodilló ante los poderosos y humilló a los humildes, mi Argentina no deseó la muerte, no engendró la muerte. Mi Argentina se gesta en el amor, crece en el amor, intenta comprender al que piensa distinto, incluir al excluido, hacer propios los problemas ajenos y buscarles una solución, la mejor solución, la más justa. Mi Argentina aprende de sus errores e intenta corregirlos, mi Argentina reconoce las virtudes ajenas, acompaña las causas justas, y busca la felicidad del pueblo, mi Argentina se expresa en voz alta, a veces con vehemencia, pero nunca con violencia, aborrece la violencia.
Reitero: mi Argentina se encuentra en la vereda opuesta del odio, mi Argentina es amor.
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